jueves 24 de diciembre de 2009

Parece que va a llover..

La vida no se trata de cómo sobrevivir a una tempestad,
sino de cómo bailar bajo la lluvia.

En Thailandia aprendí a correr, a reír hasta llorar, a gritar, y a nadar bajo la lluvia. Tres semanas lloviendo, son mucha agua..

Sin embargo, bailar... bailar es una cosa distinta.

Me imagino a mi misma, de noche, en una de esas plazuelas empedradas, con sus farolas iluminadas, la lluvia cayendo suave y la energía que te corre por todo el cuerpo. Para bailar hay que estar contento. Y para bailar sin música, medio muerto de risa, o de vino blanco... Hay que tener un vestido bonito y unos zapatos que no te hagan daño, y poco o ningun sentimiento de vergüenza propia ni ajena.

Pero falta algo en toda esta escena. Faltan los testigos, los compañeros. Sería ridículo, grotesco, encontrarse a alguien bailando solo en una plazuela iluminada una noche de lluvia si no hay alguien a su lado, igual de muerto de risa, igual de contento, mirándolo bailar, o bailando también.

Así que, que la vida te de armas para sobrevivir a la tempestad y amigos con los que bailar una noche bajo la lluvia.

Estoy a punto de cumplir treinta años y ya tengo un master en supervivencia y muy pocos, pero algunos a pesar de todo, amigos con los que bailar cuando el mal tiempo arrecia. Gracias a todos vosotros por compartir conmigo los días de invierno, y feliz Navidad


jueves 10 de diciembre de 2009

Una vuelta al mundo...

....sin prisa. Así es como se han ido mi primo y su novia. Empezaron en Londres y ya están en Río de Janeiro. Y yo, que fui fan de Willy Fog, y que soy un cero en geografía, me he apuntado a la aventura de recorrer con ellos el mundo, aunque sea a través de sus aventuras y del Google Maps.


Os dejo el enlace, para aquel que le gusten los libros de aventuras.

http://unavueltaalmundosinprisa.blogspot.com/

y para los nostálgicos...

miércoles 2 de diciembre de 2009

Matilde

Ayer a mediodía, Marta rompió aguas. El parto, previsto para dentro de cinco semanas, se había adelantado pero todo estaba previsto y en veinte minutos, estaba ya en el hospital, preparada para dar a luz a una niña, grande, según dice la ecografía, y que se llamará Matilde, como la abuela de Marcos, a quién no ha habido quién le bajara del burro de que el nombre de la niña tenía que empezar con M -como todos los de su familia..-.

A las cinco de la tarde, David, su jefe, llama a Juanjo a su despacho. El problema es que con esto del parto prematuro, y los cuatro meses de baja, y las vacaciones y tal y cual, Marta estará ausente casi medio año, y él necesita a alguien que se haga cargo del departamento. Por eso ha pensado en Juanjo, que para eso es el que más tiempo lleva y además, recuerda, sabe algo de francés -o eso ponía en su curriculum-. David le explica rápido las condiciones, -tampoco hay mucho que hablar, que le está subiendo el sueldo- y un poco lo de la reunión de mañana con los gabachos.. nada importante. A las seis, están los dos tomándose una caña en el bar de abajo.

A las seis y media, entran los otros dos jefes de proyecto. Juanjo ya lleva tres cañas y pide un JB para brindar con ellos por el ascenso y por la recién estrenada mamá. A las siete, Claudia, la secretaria de Marta que lleva todo el día viendo los movimientos de unos y otros, se pasa por el bar. La niña ha nacido bien, tan grande o más de lo que esperaban y sí, se llamará Matilde.

Simulando que no, pero con más ganas que de ninguna otra cosa, acepta el vinito que le ofrece Juanjo, a la salud de los cambios de la vida, dice mientras la sonríe pícaro. David se percata pero no dice nada. Un pequeño gesto, tan ínfimo como una mirada dentro de una sonrisa, le basta para darse cuenta de que a Juanjo le ha salido redondo lo del ascenso, con secretaria y polvo incorporados. Discreto como es y favoreciendo siempre la integración laboral -que para eso es uno de esos jefes modernos- se retira con sus dos directivos veteranos pretextando una cena que ni tiene, ni tiene pinta de tener. Pero todos están contentos, las cosas salen fáciles y a las ocho menos cuarto, Claudia y Juanjo echan su primer polvo sobre la mesa del despacho de Marta, a la salud de la recién nacida...

A las nueve y media, cuando Juanjo por fín llega a su casa, apenas tiene ganas de cenar. Pica algo, y se acuesta. Pero llueve, y la lluvia siempre lo pone nervioso. Además, aunque ha bebido y ha hecho "algo de ejercicio", está inquieto. Lo de la reunión con los gabachos no le acaba de sonar bien. Durante toda la noche da vueltas, y hasta las cinco, no es capaz de dormirse. Mala hora, porque a las seis y media suena el despertador y ese maldito sonido le revienta los tímpanos. Debería levantarse ya, pero le cisca un manotazo al despertador y se da media vuelta. Veinte minutitos...

A las siete y veinticinco sale escopetado para la oficina. Lleva esa camisa blanca de algodón egipcio que le sienta tan bien a su tez morena, y va mentalmente repasando algunas frases en francés. Mientras piensa que, como estos gabachos sean tan puntuales como los ingleses, va a llegar tarde a su primera reunión, se incorpora a la M30 a la altura del nudo de Manoteras al mismo tiempo que Julia, esa chica que iba hacia la carretera de Burgos, a la Autónoma, a hacer el primer exámen de la carrera. El choque hace que el faro izquierdo del monovolúmen de Juanjo se empotre contra el ala derecha del Ibiza de Julia y lo desplace medio carril. Afortunadamente, Carlos, que venía detrás, está lo suficientemente lejos como para evitar el choque con ella, pero su coche queda totalmente destrozado de la parte derecha y no hay quién lo mueva. El carril de incorporación y el central, colapsados.

La poli tarda poco en venir pero a las ocho menos veinticinco, el atasco es monumental y sin embargo, a las ocho menos veinte, cuando yo salgo de mi casa para llegar a trabajar, aún no sé nada de todo esto. Estaba pensando en qué libro comprar para Noelia, en qué hacer para cenar esta noche, y en que he debido de salir algo más tarde que de costumbre porque normalmente, apenas encuentro tres o cuatro coches delante para incorporarme a la M30, a la altura del nudo de Manoteras... Idiota de mi, que he salido pensando que la vida, los trayectos, dependen sólo de uno mismo, y de lo que tarde en abrirse el semáforo y no he tenido en cuenta que ayer nació Matilde, que se ha adelantado cinco semanas, y que Juanjo ha hecho que hoy lleguemos casi todos, un poco tarde a trabajar.

Menos mal que no ha habido heridos y que he dedicado el tiempo del atasco a pensar en esta tontería y no a pitar al aire como todos los demás.

Ay, Matilde, Matilde... Algunos hablan del efecto mariposa. Otros de que si estaba escrito.. Matilde, bonita, en cualquier caso, la que acabas de liar...

NOTA: esta historia es inventada. Cualquier parecido con la realidad es pura y paradójica coincidencia...

lunes 23 de noviembre de 2009

Perdida

Me gusta ir al aeropuerto. Es un lugar extraño, donde siempre se sienten cosas, casi siempre diferentes. La aventura por el viaje que te espera, la angustia porque llegas tarde y temes perder ese vuelo en el que has puesto tantas esperanzas, la ilusión del reencuentro con alguien que no acaba de llegar, la desesperación cuando ves que pasan los minutos y no acaba de salir por la puñetera puerta de llegadas...

Me gusta la democracia de los aeropuertos. Perdido en esa maraña de pasillos, terminales, puertas, y controles policiales, eres uno más, igual que todos los demás, que pasea por los mismos sitios, que viene, o va, a veces seguro de sí mismo, con frecuencia sin enterarse de todo, casi siempre, siguiendo los carteles con toda la atención, confiando en que la fortuna te lleve al sitio exacto -terminal, puerta, avión- en el que tu tarjetita dice que te tienes que meter para llegar a ese sitio que tanto anhelabas, a esa persona que esperabas volver a encontrar...

Me gustan los aeropuertos porque te sacan de la rutina, te obligan a pensar, a interpretar señales, códigos, orientarte.. Te activan la mente, como una especie de entrenamiento para ese viaje. Y es que una vez aprendí que lo importante cuando estas perdido no es no saber dónde estas, sino no saber a dónde tienes que ir. Cuando sabes el destino, el camino va apareciendo. Así es como voy encontrando mis rutas pero en más de tres años no ha habido una puta vez que volviera del aeropuerto de Barajas a mi casa por el mismo camino. No es por innovar, es porque siempre me pierdo. Paradojas tiene la vida y sin embargo, lo dicho, lo importante es conocer el destino. El camino siempre acaba apareciendo....

sábado 10 de octubre de 2009

Y Eva mordió la manzana


Qué cerca estaba el paraíso. Qué barato fue llegar hasta allí. Qué poquito cuesta ser feliz.

Medio kilo de filetes de pollo para hacer rebozaditos.....3,15€
Mantas rojas de cuadritos.....10€?
Moder la manzana en el paraíso.. no tiene precio.

No era lo que me hacía falta pero me ha venido fenomenal eso de una escapadita. Primero algo de trecking, por aquello de mens sana in corpore sano. Después, pantanito, montañita, historias, pic-nic y siestecita al sol... mm... Eva mordió la manzana y yo, si hoy me aparece una serpiente a darme palique, estaba tan relajada, que la muerdo también. Sobre todo ahora que sé que no me puedo quedar embarazada y no me asustaría para nada eso de.. "parirás con dolooor".

En fin, cambios pequeños que van encauzando mi vida por el camino del bien. Me estoy recuperando.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Promesas

No suelo hacerme muchas promesas, porque odio incumplirlas, pero en este mes ya van dos:

La primera me la hice volviendo de las vacaciones, en el coche, con María. Unos meses en la montaña, rodeada de gente que es siempre tan de verdad, que hicieron de la mentira el tema del verano. Por supuesto, no me he prometido no volver a mentir. Es tontería. A veces, muy frecuentemente, las mentiras son necesarias para protegernos. Y mucho más a menudo aún lo son para proteger a los que queremos. Por lo menos en mi vida, hay mucha gente que no está preparada para saberlo todo tal cual es. Ocultarles datos que sólo les harán daño, no puede ser algo malo. Y además, he entrenado esa rara habilidad de caminar por el borde del precipicio de la verdad, a punto de caer en picado en la mentira, pero sin dejarme vencer por la altura... No es ocultar, es proteger. Y el que no lo entienda, es que nunca ha sabido querer.

En cualquier caso, mi promesa no es no volver a mentir a nadie (¡¡como si tuviera cinco años!!). Lo que me prometí en aquel viaje es no volver a autoengañarnos en una relación. Cuando dos personas se quieren, las cosas van para adelante. Si no, es que simplemente, al menos uno, no quiere lo suficiente. Y entonces es mejor romper con todo. Sin miedo. Que duela al principio, pero que cicatrice. Si son heridas limpias, siempre cicatrizan...


La otra es más reciente, de la última crisis. A veces, una persona a la que quieres, te puede joder, y te puede decepcionar, y te puede confundir, o cabrear. Pero eso no hace que la dejes de querer. No se deja de querer de la noche a la mañana, y en las relaciones, siempre hay pesos de cosas buenas y malas que cohexisten en la balanza. Y las malas, son más malas cuanto más quieres a esa persona, y joden más, y te confunden más, y te decepcionan más y te cabreas más, mucho más.

A veces, caemos en la mala costumbre de contar esas cosas que nos han cabreado, que nos han disgustado, y de no haber contado todo lo bueno, las anécdotas, y las miradas, y los besos robados, por lo que llegamos a querer tanto a esa persona. Esos, siempre se quedan para el segundo turno, que a menudo, no acaba nunda de llegar. En esas ocasiones, quien escucha, suele dar un juicio rápido: no te merece, está jugando contigo, no te quiere suficiente, no vuelvas a hablar con él,.. Frases hechas, siempre bien intencionadas, que tratan de reforzarte, pero que hacen tanto daño, porque en el fondo atentan contra tu historia, contra la persona a la que quieres, contra ti mismo, por ser tan estúpido... Y de ahí nace mi promesa. No volver a decir nunca más una de esas frases.

Así que al nuevo año, a los amigos con los que comparto mi vida, a los hijos que algún día pueda llegar a tener, a mi familia, y a todos aquellos que me cuenten su historia, les hago estas promesas: no volver a autoengañarme y no volver a faltarle al respeto al completo de una historia con frases asesinas siempre que alguien, apenado, descargue en mi su dolor.

Y espero que todo esto, me haga un poco mejor persona.

jueves 10 de septiembre de 2009

Hay que tener cuidado con lo que uno sueña..

.. que puede hacerse realidad.


Hace solo un año que estaba sentada aquí, en esta misma mesa, más o menos con las mismas personas. Celebrábamos la misma fiesta. Algo tan tradicional que te atrapa. Que suele parecer garantía de una tradición feliz, como la navidad de las familias que no discuten.

Estábamos hablando, y hasta me parece que los temas no serían muy diferentes. Las fiestas, las personas conocidas, el futuro, venga, come un poco más de tarta...

Y sentada en la misma mesa donde estoy hoy, rodeada de una familia que no era la mía, anhelaba que la vida se convirtiera en un bucle, y esa mesa un sitio al que volver y volver... y donde no ser ya una amiga. Ser una novia, y algún día una esposa... Y que esa familia, se convirtiera en mi familia.

Y soñé.. soñé muchas noches y muchísimos días. Soñé con paseos en el coche bajo las estrellas, con viajes con bocata de jamón con tomate, con bailar pasodobles en todas las fiestas, con excursiones por las montañas, y pasar todo el verano sin tener que salir de la comarca... Soñe con noches de locura y mimos al amanecer. Y soñe con una boda, y con esa familia... Ya sé que son sueños tontos, pero eran sueños bonitos. Sueños, que en parte, un día tonto, se hicieron realidad.

Pero algo se debió trastocar al alba porque en la realidad yo era novia, y había paseos, y coche, y estrellas y futuro y familia, pero el chico era otro chico, y la historia... no era ni mucho menos como yo la soñé.

Hay que tener cuidado con lo que se sueña, porque a veces, los sueños se hacen realidad.

martes 1 de septiembre de 2009

Escapate conmigo

Escapate conmigo una tarde. Quiero poder mirarte rodeada solo de desconocidos.
Concédeme un rato. Poder charlar tan solo un rato. Contarte y preguntarte sin tener que cambiar de conversación a mitad de respuesta porque nos han vuelto a interrumpir. No quiero hablar de nada importante. Solo de nosotros, de ti, de mi, de cómo nos va la vida, de si tienes todavía sueños, de si tienes todavía fuerzas para hacerlos realidad.
Solo necesito unos segundos para olerte, pero quisiera unos poco más para quedarme atrapada en ese aroma.
Qué poco dura un suspiro y sin embargo... cuántas cosas se llegan a decir en silencio .
Regálame unas horas. No unos minutos. Unas horas. Unas palabras, una charla tranquila, tiempo para mirarnos sin decir nada, para contemplar el atardecer, respirar hondo mientras la luz sea lo más bello que se puede ver desde una ventana y luego... con las primeras estrellas, bésame.


domingo 9 de agosto de 2009

Durmiendo sola

y qué injusta es la vida!! ahora mismo, podríamos estar comiéndonos a besos tú y yo en esta cama, en la que, por las cosas del puto destino, estoy yo sola, con mi portátil, mi vestido verde, y mi nostalgia.

si no te hubieras ido...

a lo mejor no hubiéramos llegado a nada. quizá todo hubiera explotado en algún momento para retomar la calma unos meses más tarde, como nos había pasado otras veces. como yo esperaba que nos pasara, pese a la distancia. o quizá no. quizá un milagroso acontecimiento hubiera hecho que acabáramos viviendo juntos, enamorados, pese a todo, en una casa llena de plantas y papeles, cocinando espaghettis con bonito entre las últimas noticias de la oficina, o simplemente dejándolos quemar por comernos a besos.

me gusta mi vida de ahora, pero en este momento, pienso que es injusto todo. que ahora que tengo mi casa, que tienes tu cordura, ahora que podríamos ser felices, justo ahora, no estas.

era un domingo. llegaba después de tres días comiéndome el mundo...

si estuvieras aquí, me encantaría ducharme contigo. quitarme todo este odioso olor a tabaco del cuerpo. ver tu sonrisa, pícara y morbosa al verme arrancarme la ropa, solo porque sé que eso te pone terriblemente a mil. solo porque sé que ahora te vas a quitar tú la tuya y tenerte solo para mi, calentito, es mi mejor recompensa.

si no te hubieras marchado por ahí, a conquistar otros corazones, otros cuerpos, otras noches que no son las mias, podrías estar aquí, buscándome besos entre las piernas, en las comisuras del alma, en la tenue línea en la que la espalda cede su dominio al cuello.

si te hubieras quedado aquí, conmigo, te hubiera enseñado mil juegos, creados solo para ti. Podría ser Heidi, perseguida por Pedro, a punto de coronar la cima de tus cordilleras. Me inspiras. Podría haber inventado mil juegos para ti. Y nos hubiéramos divertido tanto.. No, definitivamente no es justo.

ojalá y te me borraras de mis sueños y poder desdibujarte...

pero no puedo. los recuerdos de mi vida, van unida a la tuya. y me refiero a los mejores recuerdos de mi vida. ojalá no soñara contigo cada vez que me despierto, pero estas ahí, en el coche, en el entierro, en la tarde de cañas, en la película que vi sola en el salón de una casa en la que nunca he dormidco contigo.

esta noche tenías que estar durmiendo conmigo, con ese pijama que te pones a veces, renquejoso porque no te dejo dormirte con mi charla, muerto porque una vez más, he vuelto a quedarme dormida antes que tú.

qué injusta es la vida!! ahora mismo podría estar en esta cama, devorada de besos y risas y estoy aquí, sola, escribiendo esta tontería que no le va a llegar a nadie, que no le va a salvar la vida a nadie, que no me va a salvar a mi. ¡Qué injusto es tener una cama grande y dormir uno solo!

miércoles 15 de julio de 2009

El sueño del guerrero

El guerrero duerme en mi cama. Últimamente, más de una vez por semana. Lo que al principio era una aventura, en algún momento se convirtió en locura, arrastrando con ella hasta los verdaderos sentimientos, y sin darme cuenta, poco a poco, como sucede con la niebla, se fue quedando, y se instaló.

Ahora, el guerrero duerme en mi cama. Ya no lleva su camiseta del Ejército Español. Lo ha cambiado por un pijama mío de florecitas rojas. La verdad es que no queda nada femenino encima de todos esos músculos morenos, pero tampoco invoca ya a las paredes de la cueva.

Sin embargo, sigue siendo guerrero. Ha descubierto que existe otra guerra. No es la alerta y la lanza en la mano, siempre lo más difícil. Es ahuyentar al miedo. Es estar ahí, defender la guarida, la ciudadela, el hogar. Es darles la mano a los más pequeños para saltar los escalones altos, escuchar con paciencia los planes de quienes estan intentando edificar una nueva vida, disfrutar viendolos sonreír, compartiendo un helado o un atardecer.

Y por el camino, como siempre, aliados, enemigos, más batallas por librar... La otra noche, mientras jugaba al billar con Jose, encontré mi sitio en el hueco de su cuerpo. Sus manos no resultan ser prolongación de mi ser, no son eternidad, ni iluminación, ni nada extraordinario. Pero mi cuerpo se encuentra cómodo entre sus brazos, acogido, como unos pies que se alegran de encontrar sus zapatillas al llegar a casa.

Y sus brazos siempre consiguen agarrarme si decido desatarme y lanzarme al vacío. Y sus manos sujetan mi cabeza... qué tontería más grande y sin embargo, es lo que me lleva rumbando la cabeza desde hace tres días. No es guerrero, esa es la verdad, pero.. y si no fuera necesario librar una guerra? si solo fuera cuestion de dejarse llevar y disfrutar de un poquito más de felicidad? me da miedo que sea un camino sin retorno pero.. acaso no lo son todos?

Ya me doy cuenta, sigo, como siempre, contestando mis propias preguntas.No en vano, últimamente paso más tiempo dormida que despierta. Y sin embargo, en mi cabeza siguen instaladas las rosas...

Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlele los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado.


Bueno, aún no tengo una respuesta, pero en estos días, se dará la solución al enigma. Seguro que nos vamos a reír...